PREMEDITACIÓN

reloj

 

El reloj decidió vengarse de tanto orgasmo interrumpido por la mano que, día tras día, acostumbraba a desactivarlo dos minutos antes de que sonara la alarma. Después de todo, ésta constituía para él, la única razón de ser, el único latido desfasado que su pobre corazón monótono podría emitir sin estar roto, el grito impar y libre que llevaba, sin embargo, años silenciando.

En un indignado y final acto de sabotaje, aceleró su respiración mecánica de modo que las agujas adelantaran dos minutos la hora convenida.

La mujer salió de casa un poco antes. Justo a tiempo de morir atropellada.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Fer dice:

    Me ha recordado a un pasaje de Fitzgerald. Tan desaprensiva la mano, como el reloj.

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