THE JOKER

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Es fácil pintarle a un hombre una sonrisa de payaso. Lo hacen todos los poderes del mundo.  Bote de maquillaje en mano, van convirtiendo a los más indefensos en míseros bufones que aguantan patadas y burlas sin devolver a cambio más que una sonrisa inversa y teatral de animal perplejo.  “The Joker”, esa impresionante película que fagocita Joaquin Phoenix, relata el momento en el que, llevados hasta el extremo de la humillación y el desprecio, los payasos cotidianos se vuelven masa activa, masa enfurecida; de bufones pasan a verdugos en una embriaguez de ira incontenible y arrasan todo como una lengua viva de lava hirviendo. “The Joker” es la historia de un pobre hombre, enfermo mental, agredido cotidianamente por una sociedad aún más enferma que él. Es la historia de un hombre al que le gusta hacer sonreír a los demás y que recibe a cambio casi siempre una patada en el estómago. Es la historia del esclavo moderno, de la basura humana que produce el sistema allí donde el capitalismo devora a sus propios hijos, como el Saturno de Goya al suyo. Es la historia de una advertencia.

Hay una poesía visual sublime, no obstante, en este relato del hombre ofendido desde la infancia. Lo que hubo de cómic en la historia del Joker ha quedado muy atrás y ha sido sustituido por una belleza sórdida, muy real, muy norteamericana, que emborracha un poco al testigo acurrucado en la butaca de cine, que entiende de alguna manera la sublevación porque recuerda vagamente, al tiempo que mira las escenas, todas las noticias delirantes que ha leído en los últimos años.

Cuando un medicamento cuesta 2 euros y se vende por 300; cuando una multinacional puede envenenar lenta y legalmente a millones de agricultores y consumidores y es sostenida por los respectivos gobiernos del mundo; cuando un trabajador cobra por las mismas horas de trabajo que un ejecutivo de su empresa 300 veces menos; cuando el gobierno permite que se contamine todo el agua de una población a cambio de un contrato con el que se lucrarán sus miembros a espaldas de la legalidad; cuando Hacienda multa a una persona por haber cobrado 40 euros de un premio y no haberlo declarado y al mismo tiempo permite que multinacionales informáticas paguen cifras irrisorias de impuestos gracias a abogados-tiburones; cuando un país rescata a su dudosa banca con millones de euros y recorta después la sanidad pública, la investigación, la educación, el apoyo a los más vulnerables; cuando los ciudadanos se enteran de la impunidad con la que actúan sus políticos, que roban, secuestran, contaminan, defraudan, insultan  y plagian sin pagar por ello, cuando todo esto y mucho más ocurre, se está alimentando un ejército de payasos tristes que con un goteo de estalactita van creando su propia escultura de desesperación que termina por ser gigantesca y por derrumbarse sobre alguien tarde o temprano.

Chile, Bolivia, Irak, Francia, Marruecos…y tantos otros lugares. La paciencia se acaba.

Hoy, por ejemplo, he leído, cómo cinco violadores de una niña (14 años) que se encontraba inconsciente, han recibido menos pena por violarla en ese estado de inconsciencia ya que, al no poder reaccionar, no podía defenderse y por tanto no se ejerció violencia, sólo abuso…

¿No dan ganas de maquillarse la sonrisa y salir a arrasarlo todo?

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. nostrafranus dice:

    Absolutamente de de acuerdo querida Sandra. …, No 300. En el último estudio… , no recuerdo si era respecto a EEUU, UE o España, hace algunos años, era 721 veces más …o 721 veces menos. Depende desde donde se lea.
    Se me quedó grabado tan singular número…

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    1. S.SUE dice:

      Si, pasada una cantidad todo es demencial. Hay lugares en donde esa diferencia se dispara a niveles insostenibles. Y la sublevación va cociéndose a fuego lento hasta que un día hierve…

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