Tiempo de caracol

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Hay gente que escribe como quien es adicto a una droga o a la descarga de adrenalina que se siente al tirarse desde un puente con arneses (que con suerte paran la caída y con menos suerte, el corazón). Para esta gente la escritura justifica su existencia; es una amante única y exigente. No admite distracciones. Sólo se es, si se escribe. Mi colega del blog “El Tintero” debe ser un poco así. La pasión por la palabra se le ve en cada texto, como un síntoma de una enfermedad insoslayable. Eso es un escritor.

Aún admitiendo que yo quisiera ser escritora full-time (la actividad más barata a la que me he dedicado en mi vida) he de reconocer que hoy por hoy, mis intereses se distraen como se distrae un caracol entre la hiedra. Una hojita aquí me da placer; otra allá me alimenta y me da sombra, la más alta tiene unas gotas que me calman la sed y así, apaciblemente, va transcurriendo la vida, entre actividades varias que colman el tiempo libre del que soy dueña. No es poco capital, el tiempo libre, tiempo en el que uno elige aquéllo de lo que piensa llenar las horas. Hay mucha población viviendo bajo el umbral de la pobreza en cuanto a tiempo libre se refiere. Y hay otra tanta que aunque lo tenga, pobre, no sabé qué hacer con esa moneda para sentirse viva. Y es que sí, hay varias monedas aparte del bitcoin y el euro con las que nos pagan o pagamos. Yo creo que un equilibrio discreto entre la moneda-tiempo y la moneda-dinero proporciona las condiciones propicias para ser feliz.

Cuando empecé en fotografía digamos, creativa, es decir, cuando empecé a crear mis propias imágenes y hubo quien escribió sobre ellas y las alabó, me creí en el deber de buscarle un destino a mi nombre. Siempre he querido dejar detrás de mí algo por lo que se me recordara. La idea de que tras mi muerte el mar de la historia se volvería a cerrar como si nunca hubiera existido me ha torturado desde niña, qué le voy a hacer, una ha buscado siempre la trascendencia… Pero no he estado dispuesta a pagar el precio o no he tenido el talento suficiente. En cualquier caso ya no es un problema, ni una obsesión. Desde el día en que me leyeron un informe médico un tanto drástico, no me quitan el sueño la fama o el éxito. Es alucinante cómo uno se cae del guindo de un súbito patadón y las cosas se ven desde la tierra de otra manera. El sueño me lo quitan a día de hoy, los sofocos que sufro cada hora y media. Esos te atan al aquí y al ahora, a la inmediatez química del cuerpo, con el que uno tiene que negociar las condiciones para una convivencia digna. Y a veces ni siquiera eso; con estar en este cuerpo, me conformo…

En fin. Después de los despueses me he dado cuenta de que el azar genético y circunstancial define demasiadas cosas en nuestras vidas y el pequeño espacio de libertad que nos queda es minúsculo, pero es. Ese poder de decisión ínfimo me ha hecho volverme hacia mí misma y decidir que es el universo inmanente el que quiero habitar. Es decir, vivirme en el mundo que me ha tocado en suerte y con mucha suerte… Tengo una absoluta certeza de que voy a ser sólo lo que decida hacer con mis placeres y mis días. Por eso si hoy necesito escribir, escribo; si mañana me apetece investigar el jardín olfativo que he ido creando en una habitación mágica, lo hago y lo disfruto, si pasado recaigo en el vicio de crear imágenes, pues allá que voy sin paracaídas. Ya no quiero ser Keith Jarrett si empiezo a estudiar piano, ni Meryl Streep si me apunto a a clases de teatro y no, no voy a ser Francis Kurkdjian por más que acumule esencias en armarios. Hoy, sólo quiero la excitación de una experiencia adrenalínica que me dé placer. (Y poder decir “hoy” por muchos años). Aunque, bueno, soy anglosajona y perfeccionista…lo que hago, quiero hacerlo bien. Pero no pasa de ahí. He aprendido a reírme de mí misma y a aceptar que otros se rían también conmigo y de mi, sin que sea una tragedia.

Deberíamos vivir con una nariz de clown permanentemente atada a las orejas.

Esa es la clave, reirse; especialmente de uno mismo y después, de todo aquél que se tome demasiado en serio. La risa es probablemente la reacción que provoca el ver nuestra propia vida con distancia, como si nos tomáramos la galleta que convertía a Alicia en una niña gigante. Todo parece de juguete, un poco ridículo y absurdo; el ascenso, la función, la tesis, la galería, los visitantes de la web, la publicación en la revista o el polvo transgresor del que pende la autoestima.

Eso sí, atención a la galleta, no vayamos a comernos la otra por error…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Fer dice:

    Lo primero, gracias por mencionarme y llamarme, de una forma tan cernudiana, escritor, palabra que me provoca tanto respeto que rehuyo de ella. Lo segundo es que pienso responderte luego con un texto más elaborado en mi página.Y lo tercero, es que me parece maravillosa tu forma de escribir y de ver la vida, y que la comparto. Me has emocionado.

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  2. “Un equilibrio discreto entre la moneda-tiempo y la moneda-dinero proporciona las condiciones propicias para ser feliz”
    Por cierto. En este mundo medio loco (hoy voy en plan generoso, a veces me parece totalmente loco), mucha gente está “cash rich, time poor.” Ocupada, ocupada, ocupada… pero infelices. Quizá mejor que estar “cash poor” y “time rich” – es decir, un pobre con mucho tiempo “libre” que no experimenta nada de un sentido de libertad – pero el equilibrio entre tiempo y dinero sí es lo ideal.

    Sobre este tema (y lo de escribir), una de mis citas preferidas de la Biblia es “El ocio del escritor aumenta su sabiduría, el que está poco ocupado se hará sabio” (ECLESIÁSTICO 38:24).
    (Es una lástima que muchas veces olvido este consejo.)
    “Deberíamos vivir con una nariz de clown permanentemente atada a las orejas.”

    Esto sí lo intento hacer. Cada día.
    “Esa es la clave, reírse; especialmente de uno mismo.”

    Hace poco, se publicó una noticia sobre un estudio que muestra que la gente que suelen reírse de si mismo tiene mejor salud psicológica. Sí, es la clave.

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